La fortaleza de Teresita no fue pasajera

Esta nota fue publicada en el diario Qhubo. 

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La mujer atractiva y simpática que me invita a seguir  a su casa, en el municipio de La Ceja, es la protagonista de una de las historias más trágicas ocurridas en Antioquia en los últimos 14 meses.

Si no conociera su caso, al verla con esa sonrisa marcada en su rostro, no me imaginaría que ella, Olga Teresita Ramírez Calle, 41 años, perdió en cuestión de segundos a sus cinco hijos y a su esposo.

No evito expresarle  que me impactó la conversación telefónica que tuve con ella el 15 de junio de 2009, horas después que la buseta en la que viajaba se fuera al río Cauca con sus 13 ocupantes.

Le confieso que me sorprendió escuchar cómo una persona relataba semejante pérdida de manera tan serena.

Ante el comentario, sale al paso y responde que ella no los perdió, que los ganó  Dios. “Estoy bien porque ellos están bien. ¿Dónde están  mejor, con Dios o conmigo?”.

La fe, el amor por ellos, las enseñanzas que le dejaron la han mantenido viva. La labor pedagógica que realiza ahora en colegios, por medio de talleres de convivencia y retiros espirituales, se la aprendió a su hija Paola. A sus 16 años, ella le enseñó a ser más espiritual, a ser una creyente más activa.

La fe, paradójicamente, motivó a la familia Ortiz Ramírez a emprender un viaje desde La Ceja hasta Buga, en el Valle.

El esposo de Teresita había prometido un año atrás llevar a toda su familia. Quería que experimentaran lo que él sintió la primera vez que visitó al Señor Caído.

 Los últimos momentos

Segundos antes que la buseta cayera al Cauca -el 14 de junio a las 10:30 p.m.-, Diego Ortiz, esposo de Teresita, posó una mano sobre la mejilla de ella y dijo:  “¿Vas bien? Mi amor, estoy tan feliz porque voy a pagar la promesa”.

Justo en ese momento,  ella, quien iba adelante, vio el tronco de un árbol atravesado en la vía. Fernando Jaramillo, el conductor, intentó esquivarlo, pero la buseta se quedó sin vía. “¡María Auxiliadora!”,  ayúdame, exclamó Teresita mientras el carro caía al río.

 “Todos se murieron”

En medio del caos, Teresita recobró la conciencia. Se desabrochó el cinturón. Escuchó cuando su hijo Mateo exclamó: “¡mamita, mamita, tú no te puedes morir!”

También escuchó a su esposo preguntar quién se podía salir. Diego creía, piensa ella  ahora, que la buseta no se hundiría más.

Salió del vehículo. Pero luego cayó de espaldas. No sabía nadar. Sintió que su cuerpo se hundía. Pensó que moriría, que de ahí la sacaban, pero ahogada.

De repente -situación que ella le atribuye a una fuerza divina-, apareció sentada sobre unas piedras, a pocos metros de donde cayó el vehículo. No vio la buseta. No escuchó una sola voz. “Todos se murieron”, se dijo. “Voy a rezar lo que sé”.

Esas oraciones fueron por su esposo Diego, de 38 años, por sus hijos Alejandro, de 14; Carlos, de 10; Mateo, de 7; Paola, de 16 y Sara, de 12.

También por el conductor Fernando, por su suegro Alfonso, por las hermanas de este: Ana, Marta y Virgelina -a quien nunca encontraron- y por Erminia, suegra de un cuñado.

 La soledad

En medio del frío, la noche, la soledad, el dolor, la tristeza, los recuerdos, pensó en tirarse al río. “Pero si María me dejó aquí es porque me tiene para algo”, recapacitó. Entonces le pidió que la iluminara la luna.

La luna apareció entre las nubes. Y escuchó, más de tres horas después del accidente, el golpeteo de machetes que partían el árbol que había provocado el accidente.

Los obreros la ayudaron a salir y le prestaron un celular. Llamó a la casa de su madre, en La Ceja. Rogó para que ella no contestara. No sabía cómo darle la noticia. Contestó un hermano. Le contó la tragedia con tono tranquilo.

 Se graduó

Seis meses después, el 5 de diciembre de 2009 (el día que se graduaría Paola de bachiller), Teresita lució el uniforme del colegio María Josefa Marulanda de La Ceja.

Le dijo a las directivas que no estaba loca. Que sólo quería hacerle un homenaje a su hija, a la alumna que  era personera del colegio.

Ese día pasaron diapositivas con las mejores imágenes de Paola. La vio con la toga de los grados, en una foto tomada durante un ensayo.

El llanto ahogó las gargantas de los presentes. Pero Teresita permaneció serena, viendo a la hija que quería ser religiosa.

En este punto, recuerda que Diego quería ser aviador, que a Sara le encantaba el baile, que Carlos se proyectaba como el intelectual, que Mateo prometía  darle nietos, así fuera el menor. “Yo soñaba con verlos grandes, con sus novias y novios”, dice.

Días atrás, su esposo le dijo que le gustaría estar con ella hasta que fueran viejitos. Le aclaró, sin embargo, que la relación debía ser como la de los padres de ella, porque le encantaba verlos quererse sin prevención.

¿Ahora que no están, usted ha pensado en reorganizar su vida afectiva? Le pregunto. “A mí sí me gustaría organizar otro hogar, pero no hay candidatos”, dice entre risas.

 

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