El asesinato de Haider Ramírez sigue en la impunidad

Relato sobre uno de los líderes más carismáticos de la Comuna 13 de Medellín. Fue asesinado el 23 de agosto de 2006.

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-Liliana, la necesitan en la portería, le dijo la rectora.

Liliana la miró extrañada. Sabía que la costumbre era que las visitas, para docentes como ella, podían subir directamente hasta la sala de profesores.

La rectora, con tono sereno y seguro, la tomó de un brazo y casi la arrastró.

Al pasar por el aula donde tenía clase de matemáticas a las 8:30 de la mañana, ese 23 de agosto de 2006, sintió miedo y se resistió a seguir.

-Liliana, baje que es algo de su familia, la exhortó otra docente.

A la entrada de la Institución Educativa Concejo de Medellín vio a sus hermanas. Pensó que algo le había pasado a su padre, quien por esos días estaba muy enfermo, o a Haider Ramírez Colorado, su esposo de 39 años.

-Le dieron unos tiros a Haider, musitó una de sus hermanas.

-¿Cómo está? ¿Está en el centro de salud?, preguntó Liliana

-No, en la sede, respondió una de ellas.

Allí, justo al frente del Centro de Integración Barrial de Villa Laura (comuna 13), donde también queda Corapas, (Corporación Autónoma, Participativa y Social), yacía el cuerpo sin vida.

Se desplazó en un taxi desde la Floresta, donde está el colegio, hasta Villa Laura. Quienes la vieron descender del vehículo, vestida con una camisa roja y un pantalón negro, se sorprendieron por su actitud serena.

Se sentó al lado del cadáver mientras los técnicos del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía realizaban la inspección. Atendió los requerimientos de la Policía y los investigadores, y observó las escenas de dolor de la madre de Haider y otra hija de 13 años que él tuvo en otra relación sentimental.

Incluso le respondió con amabilidad a un periodista que se acercó a hacerle unas preguntas y a solicitarle una fotografía en vida de Haider.

-Es que estaba dopada, recuerda Liliana.

Esa mañana, Haider, como siempre lo hacía, la llevó al colegio, donde ella iniciaba clases a las 6:30 de la mañana. Regresó a su casa, levantó a Melissa, la hija que hoy tiene 10 años, la peinó y luego la llevó al jardín infantil del Colegio Mercedarias.

Después, camino a Villa Laura, entró a un negocio de una hermana, recogió unos papeles y continuó hacia Corapas, corporación de la que era presidente y la que impulsaba cada día para que fortaleciera organizaciones sociales y comunitarias de la comuna 13. Parqueó su carro al frente de la sede social, carrera 105B No 34BB-94, y descendió.

A lado y lado de la vía había dos hombres que lo esperaban hacía varios minutos, supo Liliana días después.

Aún es difuso lo que pasó entre el instante en que Haider se bajó del carro y el momento en que le dispararon. Unos dicen que uno de ellos lo llamó y que discutieron. Otros que le disparó cinco veces sin mediar palabra.

-¿Pero si discutieron antes, por qué el cuerpo de Haider quedó con los papeles en una mano y las llaves en la otra? ¿Por qué aún estaban abiertas las puertas del carro?, se pregunta Liliana

Al final del día, el general Orlando Páez Barón, comandante de la Policía Metropolitana de ese entonces, ofreció 30 millones de pesos por información que permitiera dar con el paradero de los autores intelectuales del homicidio e informó que había dos capturados por el hecho, un hombre de 26 años y un menor de 15.

Sin embargo, cinco años después, Liliana asegura que no hay una sola persona judicializada y que aún no tiene claridad sobre lo que pasó.

Carlos Arcila, coordinador de la Mesa de Derechos Humanos y Convivencia de de la comuna 6 y quien fue amigo de Haider, dice: “Seguimos pidiéndole a Dios para que se haga justicia y el crimen no siga impune”·

Un expediente muy largo

¿Por qué le quitaron la vida? Liliana tampoco tiene una respuesta.

Estuvo en contacto permanente con una fiscal durante dos años y vio cómo el expediente crecía y crecía, pero sin respuestas claras.

Después, el propio Fiscal General de ese entonces, Mario Iguarán, vino a Medellín, se reunió con las personas más cercanas a Haider y les expresó que se llevaba el caso para Bogotá para darle celeridad.

-Hasta ahí supe de la investigación, dice Liliana. El caso está quieto. No se sabe dónde está.

El señalamiento contra grupos paramilitares -de acuerdo al relato de ella-, continúa siendo una hipótesis. Como otras que también fueron lanzadas: que quisieron truncar su carrera al Concejo de Medellín, que casó un problema en las Fiestas de la Antioqueñidad, las cuales habían finalizado dos días antes de su asesinato.

Lo cierto es que, dice ella, él no manifestó temor por alguna amenaza y la Policía tampoco supo algo así.

-Un hombre amenazado no sale todos los días tan tranquilo con su hija de cinco años, dice.

El Legado

Tras su muerte, los líderes contemplaron la posibilidad de cerrar Corapas. Pensaron que si los victimarios no habían respetado a Haider, mucho menos lo iban a hacer con ellos. Pero recapacitaron y creyeron que ese no habría sido el deseo de su líder.

Así que continuaron con la labor y lucharon para que una institución educativa del barrio Las Independencias llevara su nombre, pero no fue posible. Sin embargo, crearon con su nombre una medalla al mérito como reconocimiento a los líderes sociales comunales más destacados de la comuna.

Ese es uno de sus legados. Pero tal vez el más importante fue esa imagen que quedó graba en quienes lo conocieron: la capacidad de conciliar, dialogar, escuchar a la gente y pensar y echar a rodar proyectos sociales como el centro de salud de Villa Laura, el centro de integración barrial, el preescolar…

El día de su sepelio, las opiniones sobre él parecían calcadas: “Era como un papá para la comunidad”… “Todo el desarrollo de este barrio se lo debemos a él”… “Él nunca prometía nada, pero llegaba a la comunidad con proyectos concretos. A él le debemos guarderías, escuelas, arreglo de calles…”.

“Haider Ramírez era un verdadero líder de comunas. Y por eso iba a ser candidato al Concejo de Medellín”. “Ramírez era un líder porque sabía concertar, porque era un hombre de centro que se sentaba a conversar con personas de izquierda y de derecha para buscar soluciones. Su gran virtud era la paciencia y su capacidad de consejero”, le dijo Carlos Alberto Zuluaga, representante a la Cámara, el día del sepelio, al periódico La Chiva (hoy Q’hubo).

César Arango, abogado y líder de la comuna 13, escribió sobre él y recordó que fue electo para las juntas administradoras locales con la más alta votación para su periodo y la más alta en toda la historia de esa zona. Agregó que fue el impulsor de la televisión comunitaria en la ciudad y en el país, cofundador de la Asocomunal de San Javier, presidente de la Junta de Acción Comunal de Villa Laura durante 3 periodos, fundador, presidente y director ejecutivo de Corapas.

“La trayectoria de 25 años de aporte a la ciudad, a la ciudadanía y el amor de todos, no bastó para blindarlo de las manos y las mentes asesinas, toda su formación, todo el esfuerzo por hacerse a pulso no bastó, todo el trabajo, las obras, las sedes, las organizaciones fortalecidas no bastaron. No encontramos la razón de su partida, no hay explicación lógica, no hay nada ni nadie hasta el momento que nos dé respuestas, que nos demuestre una real justicia”, escribió Arango.

“Haider era un soñador que vislumbraba una comuna justa y en paz. Era un referente en la comuna 13 porque lograba unificar a los líderes”, recuerda Arcila.

Nueve años juntos

Ese liderazgo nato, que no solo ejercía en su comuna sino también en su familia conformada por cuatro hermanos, fortalecido con su formación académica en ingeniería y en estudios de derecho, además de esa virtud de atraer sin buscar un protagonismo, enamoraron a Liliana.

Lo conoció a los 19 años, cuando estaba en cuarto semestre de administración de empresas en la Universidad de Antioquia, porque llegó a Corapas atraída por un aviso sobre una convocatoria de proyectos comunitarios que vio pegado en la sede.

Ganó la convocatoria con un proyecto ambiental. Conoció más de cerca a Haider y unieron sus vidas durante 9 años y concibieron a Melissa.

 “El fue más que mi esposo: fue mi amigo y mi jefe”, dice Liliana al recordar al hombre que, cuentan, contagiaba con su alegría

Ahora, Liliana está dedicada a su hija Melissa, a su trabajo como docente de matemáticas y como concejera en Corapas.

Asegura que le gustaría rehacer su vida sentimental, pero cuenta que ha s

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